Recorrer los bosques del sur de Chile es una experiencia que despierta todos los sentidos. Entre árboles nativos, aire puro y senderos húmedos, aparecen pequeños regalos de la naturaleza: frutos, semillas y hongos que han sido parte de la vida local por generaciones. La murtilla, el changle, el piñón y las castañas no solo son deliciosos, también nos invitan a conectar con el entorno… siempre desde el respeto.
Aquí te contamos cómo recolectarlos de manera consciente, para que tu visita sea tan enriquecedora como responsable.
Piñón: tradición viva
Los piñones caen naturalmente desde las araucarias, así que recolectarlos es tan simple como recogerlos del suelo. No es necesario (ni recomendable) intervenir el árbol.
En muchas zonas del sur, esta práctica tiene un profundo significado cultural, especialmente para comunidades mapuche. Por eso, si estás en estos territorios, es importante informarte y actuar con respeto. Lleva solo lo que necesites y deja siempre parte para la naturaleza.
Murtilla: pequeños tesoros rojos
Cuando te encuentres con un arbusto de murtilla cargado de frutos, la tentación de llevarlos todos es grande. Pero lo ideal es ir de a poco. Toma solo los que estén bien maduros —los reconocerás porque se desprenden fácilmente— y evita tirar de las ramas o dañar la planta.
Un buen consejo es recolectar solo una parte y dejar el resto. Así, otras personas, aves y animales también podrán disfrutar de este fruto tan especial. Además, usar un recipiente firme ayudará a que no se aplasten en el camino.
Changle: un hallazgo del bosque
Encontrar changles es casi como descubrir un secreto del bosque. Estos hongos crecen entre hojas y tierra húmeda, y recolectarlos requiere un poco más de cuidado.
En lugar de arrancarlos, lo mejor es cortarlos con suavidad desde la base. Así ayudas a que vuelvan a crecer en el futuro. También es clave estar seguro de que realmente es changle: si tienes dudas, mejor no recolectar. Y recuerda: el bosque no se remueve ni se excava, se observa y se respeta.
Castañas: sabor a otoño
En otoño, caminar por el sur es también escuchar el sonido de las castañas cayendo. Para recolectarlas, basta con recogerlas del suelo cuando ya están maduras.
Eso sí, mejor ir preparado: sus cáscaras tienen espinas, así que unos guantes pueden ser de gran ayuda. Como siempre, la clave está en no llevarse todo. Compartir con el entorno es parte de la experiencia.
Un viaje más consciente
Recolectar en el bosque puede ser una experiencia inolvidable, pero también implica responsabilidad. Pequeños gestos hacen una gran diferencia: no dejar basura, no dañar el entorno y respetar los ciclos naturales.
Al final, se trata de algo simple: disfrutar sin intervenir más de lo necesario. Así, estos tesoros seguirán ahí, esperando a los próximos viajeros que se animen a descubrirlos.